
Si buscas un refugio acogedor en medio de la naturaleza, el Hotel Rural Can Borrell Restaurant en Meranges, Girona es tu mejor opción. Este hotel de 2 estrellas combina un ambiente familiar con servicios como wifi gratis, parking privado y una terraza genial para relajarte. Además, está a solo 20 km del Real Club de Golf de Cerdaña, ideal si piensas disfrutar de un poco de deporte al aire libre.
Pero lo más destacado aquí es sin duda el Restaurante Can Borrell, donde el chef y propietario, Oliver Verdaguer Jimeno, transforma la cocina tradicional catalana con un toque creativo que encanta a todos. Imagina disfrutar de una cena junto a una chimenea acogedora, maravillándote con las vistas a los Pirineos mientras saboreas platos exquisitos. Con una carta elaborada y un ambiente que invita a quedarse, ¡este lugar se ha convertido en un referente en la región de La Cerdanya!
Hotel Rural Can Borrell Restaurant
Mapa Ubicación Hotel Rural Can Borrell Restaurant
Dónde se encuentra el Hotel Rural Can Borrell Restaurant
¡Hola a todos! Si estáis pensando en una escapada relax con la familia o los amigos, tenéis que considerar el Hotel Rural Can Borrell Restaurant en Meranges, Girona. Este lugar es pura tranquilidad, y allí nos alojamos recientemente y, la verdad, no podemos estar más contentos. Las vistas son espectaculares y el ambiente, acogedor. ¡Es el sitio perfecto para desconectar!
Hemos comido en su restaurante un par de veces y todo fue simplemente perfecto. La comida es deliciosa, con raciones potentes que te dejan satisfecho, ¡el solomillo fue una maravilla! Además, el servicio es superatento y amable, algo que se agradece mucho al final de un día de turismo. Solo un consejo: recomendamos reservar los fines de semana, ¡se llena rápidamente! Ah, y no os olvidéis de probar el postre, la tarta tatin es imprescindible.
El fin de semana estuvo lleno de risas y buena comida con mis seres queridos. La atención de Laura nos hizo sentir como en casa, y la cocina de Oliver es simplemente increíble. Ofrecen platos de la zona con un estilo propio que sorprende. La calidad de la comida es un 10/10, y eso que estamos hablando de un hotel de solo 2 estrellas.
Sin embargo, no todo fue perfecto. Una experiencia poco agradable que escuchamos de otro grupo nos dejó pensativos. Una de las empleadas fue bastante grosera, lo cual es una pena porque arruinó lo que podría haber sido un gran recuerdo. A veces, esas actitudes pueden pasar factura en la experiencia general. Aun así, nosotros tuvimos buena suerte y mantuvimos la buena vibra.
Si os preguntáis dónde se encuentra el Hotel Rural Can Borrell Restaurant, está en el carrer Retorn, 3, 17539 Meranges, el lugar ideal para disfrutar de actividades como senderismo o esquí. Así que, si queréis un sitio tranquilo con un buen servicio y comidas ricas, ¡este es el lugar!
Cuál es la clasificación del hotel en términos de estrellas
La verdad es que el Hotel Rural Can Borrell Restaurant tiene su encanto, y se siente bastante acogedor en general. La cocina del restaurante es catalogada como excelente, con un servicio estupendo siempre bajo la atenta mirada de Oliver, su amfitrión, que te recibe con una sonrisa y te hace sentir como en casa. Aunque, seamos sinceros, no todo es perfecto. Algunos visitantes han tenido experiencias un tanto frustrantes; por ejemplo, un cliente comentó que la propietaria hizo un par de comentarios desafortunados. A veces, solo un poco de tacto es lo que se necesita, ¿verdad?
Y no podemos dejar de mencionar lo de las mascotas. Imagínate llegar con tus perritas y que te digan que no pueden entrar, aunque el comedor solo tenia tres mesas ocupadas. Eso sí que le puede arruinar la noche a cualquiera. La opción de la terraza era un poco fría y si te dejan a tus perrillas solitas, pues... es comprensible que no sea la mejor experiencia. En cuanto a la comida, puede que no sea la mejor opción si buscas algo contundente, las raciones parecían un poco justas y el precio final... ups, eso no ayudó.
Pero hey, por otro lado, si solo quieres pasar a tomar un café, la terraza tiene un rollo muy agradable. Conocimos a un cocinero muy amable y ya te digo que la impresión general del lugar me dejó ganas de volver para probar esos platos que he escuchado. A veces, una visita casual puede servir de gancho.
Así que, resumiendo, el Hotel Can Borrell tiene un status de 2 estrellas, lo que puede parecer un poco justo, pero está en un entorno maravilloso y la experiencia puede variar. A veces te llevas sorpresas y, aunque no todo sea rosa, hay pequeños detalles que pueden hacer que regreses. ¡Siempre es bueno tenerlo en el radar para futuras escapadas!
Qué tipo de ambiente puede esperar un huésped en el hotel
Te juro que si estás buscando un lugar para desconectar, el Hotel Rural Can Borrell es el sitio perfecto. Después de unas largas caminatas por la montaña, nos dimos un caprichito y paramos en la terraza a tomar unos cafés con avena. Y claro, no podíamos dejar a nuestro perrito fuera del plan; la verdad es que fueron muy amables con él. La chica que nos atendió tenía una sonrisa de oreja a oreja, y el café estaba bastante rico. El pueblecito, Meranges, tiene un encanto especial, así que si eres de los que se enamora de los pueblos pequeños, te va a encantar.
Pasamos cuatro noches ahí y, la verdad, no tengo más que alabanzas. Las vistas desde nuestra habitación eran de las que te quitan el aliento, especialmente durante el desayuno. Imagínate comiendo con vistas a la montaña, un lujo. Laura, la dueña, y sus hijos fueron unos anfitriones de 10; se nota que disfrutan de lo que hacen. Te acogen como si fueras parte de la familia, y eso no tiene precio. Sin duda, un lugar mágico donde cada rincón cuenta una historia.
Sin embargo, déjame ser honesto contigo. La cena que tuvimos una noche no fue lo que esperábamos. La comida era justa en cantidad y calidad; me pareció un poco caro para lo que ofrecían. La decoración del restaurante es acogedora, el servicio del personal (creo que eran los hijos de Laura) era genial, pero los platos merecen una pequeña revisión. Si tienes la oportunidad de probar la comida, quizás deberías ir con expectativas moderadas o pedir recomendaciones del personal.
A pesar de esa decepción en la cena, el hotel se siente como un refugio familiar, acogedor, y perfecto para unas vacaciones en grupo, sobre todo si tienes niños. El ambiente es tranquilo, rodeado de naturaleza, riachuelos y esos maravillosos paisajes con vacas y ovejas por doquier. Se respiraba paz por todos lados. Si buscas un lugar donde relajarte y disfrutar de la belleza del entorno, definitivamente aquí encontrarás lo que buscas.
Así que, ¿qué tipo de ambiente puedes esperar en el hotel? Imagínate un rincón donde la amabilidad fluye, las vistas son de postal y el entorno está lleno de vida. Te sentirás en casa y rodeado de gente que se preocupa por ti. Serás parte de algo más grande, en un lugar donde el tiempo parece tener otro ritmo. En resumen, si buscas un refugio energético y balanceado entre lo rústico y lo acogedor, el Hotel Rural Can Borrell tiene todo lo que necesitas. ¡No lo dudes más y haz tu reserva!
Qué servicios se ofrecen en el Hotel Rural Can Borrell Restaurant
Y, hablando del Hotel Rural Can Borrell Restaurant, la experiencia fue genial desde el principio. Nos decidimos a comer allí, ¡y qué acierto! Aunque debo admitir que el plato que pedí me sorprendió un poco. Opté por los pies de cerdo a la brasa con ceps y pensé que me servirían uno partido. Al final, pedí solo uno, y cuando llegó, ¡flipé! Era un pie deshuesado, más pequeño de lo que imaginaba, con una salsa al fondo. No estaban a la brasa y, para colmo, ¡ni rastro de los ceps! Pero, bueno, la verdad es que estaba bastante bueno, así que no todo fue malo. El servicio, eso sí, me pareció un poco falto de atención.
El restaurante tiene ese encanto de lugares con mucha historia y un ambiente acogedor, que podría decir que lo hace muy especial. Comimos en un entorno fresquito y, aunque nos faltaron manteles y servilletas de tela, eso no empañó la experiencia. Los chicos que atendían eran amables y rápidos, lo que siempre suma. Y la comida… ¡vaya pedazo de comida! Alta montaña, sabores caseros, y todo en un entorno impresionante. Por unos 40€ por persona, comimos de auténtico lujo, y no, no es broma: ¡es casi un regalo!
También me llevé una grata sorpresa con la habitación. Era es bastante espaciosa y cómoda, perfecta para relajarse después de un día de excursiones por el entorno. ¡Las vistas al bosque eran algo de otro mundo! Te podías dejar llevar escuchando el murmullo de un riachuelo que pasaba muy cerca. Aunque el baño era pequeño, tenía lo necesario, y al menos había un bidet. Nos tomamos un tiempo en la sala de estar, donde no había mucha gente, ideal para jugar y pasar un buen rato.
En cuanto a los servicios que ofrecen en el hotel, tienen un restaurante excepcional, donde la calidad de la comida y el servicio son de primera. Las habitaciones son limpias y cómodas, con vistas increíbles. Además, son muy familiares y acogedores, ideales para vacaciones en grupo o en familia. ¡Y ni hablar de la tranquilidad del entorno! Al final, no puedo más que agradecer por todo y, sin duda, ¡volveremos!
Hay conexión a internet disponible en el hotel
Así que, después de un día de aventura en la montaña, decidimos alojarnos en el Hotel Rural Can Borrell, y la experiencia fue bastante interesante. La habitación era rústica y acogedora, exactamente lo que uno busca cuando se escapa a la montaña. Sin embargo, hay que admitir que era un poco más pequeña de lo que esperábamos y la cama hacía un ruido que no dejaba dormir. ¡Casi no cabían las maletas! Pero bueno, lo que verdaderamente contaba era la experiencia y, como dicen, donde hay amor, ahí está la casa.
Cenamos en el restaurante del hotel, y la cena fue una sorpresa muy grata. Comenzamos con una ensalada de lechugas que estaba increíble, acompañada de una vinagreta de la casa que te dejaba pensando en los secretos que podrían ocultar en la cocina. Luego, el plato estrella: un asado de cordero muy original que combinaba sabores con frutas. ¡Una delicia! Pero por otro lado, he oído que el restaurante ha ido a menos. Antes era un must en La Cerdanya, y ahora parece que al servicio le falta un poco de cariño. A veces, la atención no se adapta mucho a las peticiones de los clientes, lo que es una pena, porque el lugar y el pueblo son realmente espectaculares.
Mientras disfrutamos de nuestra cena, buscamos un lugar en la terraza. La decoración es hermosa y las vistas son espectaculares, aunque la tierra de las moscas también hizo acto de presencia. Pasamos un rato agradable fuera, a pesar de esos pequeños inconvenientes, y el ambiente era fresco y acogedor. Sin embargo, lo que nos sorprendió es que las raciones no eran tan abundantes para el precio que pagábamos, y no había menú disponible. Un poco decepcionante, sobre todo tras haber bajado del Puigpedros y haber entrado con gran apetito.
En cuanto a la conexión a internet en el hotel, bueno, es un poco complicado. He escuchado que no hay un buen servicio de internet, así que si esperas estar conectado a la red en medio de la montaña, quizás debas pensarlo mejor. En resumen, el hotel tiene encanto y la comida es de calidad, pero hay cositas que podrían mejorar. A pesar de los altibajos, ¡recomiendo darle una oportunidad si eres un amante de la montaña!
El hotel cuenta con aparcamiento para huéspedes
Y bueno, qué te puedo contar de la experiencia en el Hotel Rural Can Borrell Restaurant. Nos sentaron en la terraza, debajo de un sol de justicia y, sinceramente, la espera fue un poco exagerada. Tras 45 minutos esperando, ni rastro de nuestra comanda. Entendemos que pueden tener un día a tope, pero una simple comunicación desde el principio, diciendo “oye, estamos liados”, hubiera mejorado mucho la situación. Al final, nos fuimos sin probar bocado. Esa es una de esas experiencias que te dejan un mal sabor de boca, y es una lástima porque uno siempre espera lo mejor cuando encuentra un lugar bonito.
Ahora, en cuanto a las habitaciones, debo ser sincero. Alquilamos una por dos noches y, aunque 222 euros no es un precio pequeño, la verdad es que la habitación no estaba a la altura de lo que esperábamos. Baño cutre, gel que no reponen, ¡y champú, ni hablar! Entiendo que son un hotel de 2 estrellas, pero hay límites, ¿no? El recuerdo de hace diez años era mucho más agradable, y ahora parece que ha perdido un poco de su esencia. Un sitio que solía ser un buen destino ahora se siente un poco descuidado.
Aparte de eso, la atención al cliente dejó un poco que desear. Se supone que aceptan perros, pero cuando llegamos con el nuestro, la actitud del personal fue bastante borde. No sé tú, pero a mí eso me molesta bastante. Espero que al menos la comida mejore, porque algunos comentan que han hecho cambios, pero los precios son más bien altitos para las cantidades. Y eso de que las cenas solo sean de 20h a 21:30h, ¡no me parece nada práctico! Si no te atrapó la cena en ese rango, estás frito.
Hablando de la experiencia general, hay quienes dicen que el enclave es precioso y que la limpieza está bien. Las habitaciones tienen su encanto, con baños completos y camas cómodas. A veces, el servicio se destaca por los pequeños detalles, como el cambio de cubiertos, que siempre es un buen toque. Pero, en serio, con solo 9 habitaciones, no entiendo cómo el WIFI se colapsa de uso. ¡Es ridículo! ¿Y qué hay del aparcamiento? Pues parece que sí, el hotel cuenta con parking para los huéspedes, así que al menos puedes dejar tu coche sin preocupación. Pero en general, a mí me dejó con ganas de encontrar otro lugar para la próxima vez.
Qué actividades al aire libre se pueden disfrutar cerca del hotel
Ya te conté lo bien que la pasamos en el Hotel Rural Can Borrell Restaurant, así que déjame contarte un poco más sobre este lugar que realmente se siente como una joyita escondida en Meranges. La ubicación es increíble; desde el restaurante, te puedes quedar embobado mirando esas vistas tan bonitas que ofrece el entorno, especialmente cuando te estás tomando un buen vino. Hablando del restaurante, es tan acogedor que te sientes como en casa, pero con el bonus de la auténtica comida catalana.
La comida fue un verdadero festín para todos nosotros. Los canelones y el jarrete estaban buenísimos, pero el solomillo con foie... ¡eso sí que es para recordar! Se nota que trabajan con productos de alta calidad y que les ponen cariño al cocinarlos. Y no solo eso, el servicio es encantador; realmente te hacen sentir bienvenido. Y ya ni hablemos del ambiente, tanto en invierno, cuando el comedor se siente cálido y acogedor, como en verano, cuando puedes disfrutar de la terraza. Nos encanta volver aquí en diferentes estaciones del año porque cada visita es igual de especial.
Por otro lado, hay que ser sincero y hay quien ha tenido una experiencia bastante mala. Escuché de una pareja que se quedó decepcionada con su comida, argumentando que era caro y de mala calidad. Dicen que los canelones estaban fríos y que la espera fue eterna, además de estar rodeados de moscas... No sé, puede que tuviesen un mal día, porque en general, la comida y la atención son muy buenas. Pero siempre hay que compartir todas las experiencias, ¿no?
Y, hablando de la zona, hay tanto por hacer al aire libre que es una locura. Si te mola el senderismo, hay varias rutas cerca que te dejarán sin aliento (literalmente y figurativamente). También puedes disfrutar del ciclismo en la montaña o simplemente pasear por los preciosos paisajes de La Cerdanya. La naturaleza que rodea el hotel es simplemente apoteósica, así que no olvides llevar tus botas y cámara. Y aunque en el hotel no hay WiFi, eso puede ser una excusa perfecta para desconectar y realmente disfrutar del entorno. ¡Definitivamente estoy planeando mi próxima visita!
A qué distancia se encuentra el hotel del Real Club de Golf de Cerdaña
Y, bueno, ya que estamos hablando del Hotel Rural Can Borrell Restaurant, déjame contarte que mi experiencia ahí fue una mezcla de cosas buenas y otras no tanto, en fin, ya sabes cómo son estas cosas. Después de un día largo de trekking, con el cuerpo cansado, uno espera reponer fuerzas con una buena comida. Pero, para ser sinceros, nos encontramos con que casi 50€ por persona era un precio elevado para lo que realmente ofrecían. El arroz de verduras era un desastre, parecía el tipo de comida que le servirían a los abuelos en un geriátrico: todo pasado y hervido, sin ese toque especial que uno espera. Y no hablemos del bacalao, que llegó con un color raro y una salsa gelatinosa que no tenía ni sabor definido. Vamos, una verdadera decepción.
Por otro lado, el lugar tiene su encanto. El entorno montañoso y el ambiente rústico del restaurante son agradables. Es como si hubieras entrado en una brasería de las de antes, bien decorada con piedra y madera. El servicio era de lo más formal, casi elegante para lo que esperábamos, lo cual es un punto a favor. La carta bastante extensa, pero después de lo que probamos, parece que solo el arroz de montaña estaba a la altura, porque quienes lo probaban querían más. Y cuando se trata de celebración, como un cumpleaños, al menos nos sorprendieron con una tarta que ni siquiera tenían en su carta, lo cual fue un bonito detalle.
Aún así, algunas cosas dejaron que desear. El morro de bacalao que pedimos... ¡madre mía! Olor bastante fuerte, y aunque nos ofrecieron cambiarlo, el trato no fue el mejor. Y sobre el alojamiento, ¡vaya panorama! Tuvimos que ducharnos con champú porque no ponían gel de baño, el papel higiénico se acabó y tuvimos que recordárselo. La terraza era un desfile de moscas que, seamos sinceros, arruinaron un poco el encanto de comer afuera. La atención de la dueña fue correcta, aunque no amena en ningún momento. En definitiva, no creo que volvamos.
Por cierto, si tienes curiosidad, el hotel está a unos 30 minutos en coche del Real Club de Golf de Cerdaña. Así que, si planeas una escapada para jugar al golf, ¡cuidado durante esa comida! Podrías quedarte más tiempo disfrutando de la vista que de la comida... ¡Es un dilema!
Quién es el chef y propietario del Restaurante Can Borrell
Y hablando de la cena, la verdad es que no teníamos muchas opciones en Meranges, así que nos decidimos por el Hotel Rural Can Borrell Restaurant. Te cuento, es el único sitio que hace cenas en la zona, lo que en un principio es una ventaja, pero después de la experiencia, no sé si volvemos a repetir. El lugar es bonito, está muy bien decorado y tiene ese encanto rústico que tanto nos gusta. A pesar de que el ambiente prometía, la cena fue un poco decepcionante.
Los precios son de un restaurante de buen nivel, así que esperábamos algo más por esos 50 € por persona. El servicio tiene su toque simpático, pero vimos que había un par de niños en su primera experiencia de trabajo en cocina y sala, lo que se notó. Los canelones estaban buenos, eso sí, pero el carré de cordero... ¡vaya fiasco! Estaba duro y medio crudo, y ni siquiera se acercaron a preguntar por qué dejamos más de la mitad en el plato. Y por si fuera poco, el postre fue una auténtica tomadura de pelo. No tengo problemas en pagar por comer bien, pero salir de allí sintiéndote estafado no es la mejor sensación.
Aún así, entre tanto mal sabor de boca, quiero destacar que como ciclistas viajeros, tenemos la suerte de descubrir lugares como este, donde la atención es buena y el entorno es relajante. Si buscas un lugar bello, de verdad que no tienes que ir más lejos. Por lo menos, el servicio y la ubicación se merecen un 5. Pero vamos, mejor que tengan un chef más experimentado para que no nos pase esto otra vez.
Y hablando del chef, he leído que es el propietario del restaurante, pero no tengo mucha información sobre su experiencia en la cocina. Si por lo menos tuviesen a alguien con más oficio al mando, seguro que cambiaban las cosas. Ojalá mejoren, porque el lugar tiene potencial. ¡Gracias por la recomendación!








